| Reflexiones en el Día de la Madre Tierra |
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Conforme pasan los años el referirse a nuestro planeta,
a la Tierra, ya no se lo hace con ese ánimo de bienestar y seguridad, que llevó a generaciones íntegras a dedicarle lo mejor del pensamiento y la expresión poética, o de civilizaciones que la consideraban una diosa generadora, con un misticismo que aún prevalece en varias partes de este mundo, sino que hoy la preocupación y la alarma cunden entre los ciudadanos de todas las naciones, por la contaminación, la falta de decisiones políticas de los gobernantes por paliar el daño que se cometió y se comete en nombre del progreso.
Ayer se recordó el "Día de la Tierra", celebrado internacionalmente por primera vez el 22 de abril de 1970, para subrayar la necesidad de la conservación de los recursos naturales del mundo. Surgido como un movimiento universitario y celebrado por primera vez el 21 de marzo, la Organización de las Naciones Unidas proclamó al 22 de abril como Día Internacional de la Madre Tierra, que supone el reconocimiento de que ésta y sus ecosistemas nos proporcionan la vida y el sustento a lo largo de nuestra existencia. Como podemos ver, nuestro planeta, que empezó a su conformación como tal hace 4 mil 500 millones de años, ha adquirido otras connotaciones en nuestro diario vivir, por cuanto vemos que en él son millones los seres humanos que padecen o mueren de hambre, así como desaparecen especies de animales, los que son desocupados de su hábitat ante el avance de la humanidad para ocupar los mismos y alimentarse de esos seres que eran parte del equilibrio ecológico. Una de nuestras obligaciones, precisamente es la de preservar el medioambiente, garantizar espacios vitales para diferentes especies, evitar que los productos químicos envenenen tierra, aire y agua, promover y garantizar las reservas naturales, convertidas en parques nacionales que, a la postre se convierten en los pulmones de la humanidad, como sucede con la región amazónica. "La Madre Tierra", expresión precisamente insertada en la ONU a sugerencia del actual Gobierno boliviano, dentro de un espíritu de preservación del planeta y un reclamo acervo a las naciones industrializadas que son las causantes del desastre en el que se encuentra actualmente nuestro hogar, daño que no lo quieren reconocer evitando adherirse a los protocolos por los cuales se regula la contaminación. Un trabajo, sin duda alguna muy importante, que también debe ser reflejado internamente, mirando profundamente en nuestra realidad diaria y cotidiana, ya que las acciones son el reflejo de los discursos, y si las mismas son contradictorias a ellos, es que no podemos observar una verdadera conciencia sobre lo que se habla y predica. Es por eso, que en este tiempo, nuevamente ingresa a la polémica la reserva natural del Parque Nacional Isiboro Sécure, el que cuenta actualmente con una Ley por medio de la cual se garantiza que no ingresará ninguna carretera por ese espacio, además de que fue declarado como intangible, decisiones soberanas que ahora se las trata de desmoronar precisamente planteando una consulta para conocer si los habitantes realmente están de acuerdo con que no se construya la carretera y que la intangibilidad sea una realidad. Bolivia estará nuevamente en las primeras páginas de los medios de comunicación y de la opinión pública nacional e internacional, cuando el próximo 25 de este mes los indígenas del TIPNIS inicien su novena marcha en defensa de su hábitat y de la ecología del lugar, esperándose que no impere otra vez la intolerancia y la prepotencia con la que fueron sometidos y vejados el pasado año. |